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La casa de Bernarda Alba

     No he sabido nunca el porqué pero esta obra de Federico García Lorca funciona entre adolescentes. Parece que se trata de una tragedia alejada de sus intereses y sin embargo logran comprenderla, les atrapa su conflicto, sus personjes, su verdad.

     La casa de Bernarda Alba es un drama social que retrata los valores tradicionales de la burguesía rural, así como la injusticia propias del sistema semi-feudal que seguía enquistado en Andalucía a la altura de los años treinta. Bernarda obra como defensora cerril de un código moral que descansa sobre la posesión de la tierra, el matrimonio, la unidad familiar, la honra y el predominio moral del varón. Tales valores, obviamente, oprimen a la mujer, de ahí que casi todos los personajes del drama expresen su voluntad de huída: “Yo quiero salir”, exclama Adela; “¡Quiero irme de aquí!”, exije María Josefa; “Afortunadamente pronto voy a salir de este infierno”, afirma Angustias; ” a mí me gustaría cruzar el mar y dejar esta casa de guerra”, declara Poncia.

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Acto primero

Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas.

(Sale la Criada)

Criada: Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes.

La Poncia: (Sale comiendo chorizo y pan) Llevan ya más de dos horas de gori-gori. Han venido curas de todos los pueblos. La iglesia está hermosa. En el primer responso se desmayó la Magdalena.

Criada: Es la que se queda más sola.

La Poncia: Era la única que quería al padre. ¡Ay! ¡Gracias a Dios que estamos solas un poquito! Yo he venido a comer.

Criada: ¡Si te viera Bernarda…!

La Poncia: ¡Quisiera que ahora, que no come ella, que todas nos muriéramos de hambre! ¡Mandona! ¡Dominanta! ¡Pero se fastidia! Le he abierto la orza de chorizos.

Criada: (Con tristeza, ansiosa) ¿Por qué no me das para mi niña, Poncia?

La Poncia: Entra y llévate también un puñado de garbanzos. ¡Hoy no se dará cuenta!

Voz (Dentro): ¡Bernarda!

La Poncia: La vieja. ¿Está bien cerrada?

Criada: Con dos vueltas de llave.

La Poncia: Pero debes poner también la tranca. Tiene unos dedos como cinco ganzúas.

Voz: ¡Bernarda!

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